El es un tenor argentino de reconocida trayectoria mundial y una historia personal vinculada a la Guerra de Malvinas (es sobreviviente del Crucero General Belgrano). Ella, una mezzosoprano nacida en Yugoslavia que tiene nacionalidad francesa. Ambos están unidos por la música y también por el amor. "Tenemos la suerte de llevarnos bien y de que nuestras voces se complementan", explica Vera Cirkovic, mientras su esposo, Darío Volonté, esgrime una sonrisa. Horas antes de actuar en la ex estación del Ferrocarril Mitre, en el cierre del 50º Septiembre Musical, ambos hablaron de sus carreras, de la música y de lo difícil que es preparar un repertorio acorde con cada público.
- ¿Cómo será el repertorio del concierto?
- Cirkovic: hay una parte "didáctica" que siempre incluimos en los recitales, pero los grandes clásicos están siempre; cosas como "Nessun Dorma" o las arias de "Carmen" que todo el mundo conoce, aunque no sepa cómo se llaman. Son esas piezas que, cuando suenan los primeros acordes de la orquesta la gente exclama: "ahhh"...
- Ustedes comparten sus vidas y también el arte...
- Cirkovic: nos conocimos cuando ambos éramos cantantes de ópera. Tenemos la suerte de llevarnos bien y de que nuestras voces se complementen bien.
Volonté: nuestro laburo es de equipo. Un trabajo donde uno no puede andar por su lado sin importarle por dónde va el otro. Con Vera, además, tenemos un repertorio muy parecido y con similitudes en la vocalidad. Es un repertorio para compartir. Otros registros vocales -barítono y mezzo, o soprano ligera- tal vez no pueden congeniar tanto. Pero Vera es una soprano dramática o mezzosoprano; y yo, tenor de repertorio lírico o lírico-dramático, características que permiten una gran cantidad de concordancias para ofrecerle al público. Nuestro trabajo es viajar y ofrecer conciertos. Es, por lo tanto, completamente armónico. Por ser "del mismo palo" sabemos que el día que se canta no se habla o se habla poco. El día anterior, nada de reportajes, o poco y nada, o reportajes tipo "sí sí" o "no no". Cada uno de nosotros sabe qué necesita al otro para estar tranquilo. Es un entendimiento automático. Es como dos jugadores de fútbol en una concentración: uno toma mate y el otro juega a la play.
- Hoy en la estación Mitre habrá dos directores (Jeff Manookian y Andrea Mijailovsky). ¿Qué suelen esperar del director?
- Volonté: Manookian dirigirá las partes orquestales y Andrea las que cantamos nosotros. Es una situación interesante, porque la orquesta tendrá que ser más maleable. Son distintos los estilos de cada director y eso para los músicos es bueno. Con Andrea ya nos conocemos y hemos trabajado mucho juntos. Esperamos de ella lo mismo que ella de nosotros: colaboración, armonía recíproca y seguimiento. A través de eso, la expresión artística sale casi sola.
- ¿Cuál es la diferencia entre hacer una ópera y un concierto de arias y canciones como el de esta noche? ¿Son tensiones y placeres diferentes?
- Cirkovic: un concierto es una cosa armada en función del público y el lugar; y venimos haciéndolo desde hace años. La ópera es diferente. En un concierto, por caso, no incluiríamos piezas de autores vanguardistas como Schönmberg, porque resultarían inadecuadas. Montar una ópera, por su parte, implica meses de preparación. Hay que ensayar el rol y madurarlo. Si se tiene la suerte de poder repetir el papel muchas veces, puede resultar más corta esa preparación. Pero son alrededor de tres semanas y un mes de trabajo en todos los aspectos de la régie, actuación, vestuario e iluminación. Se está, además, en un teatro fijo y se vive en un hotel.
- Para vos, Darío, ¿qué frase de Aurora te costaba más entender cuando la escuchabas de chico en la escuela? Porque son versos complejos, fuera del lenguaje diario...
- Hay una parte que dice "Aurora irradial", en vez de radiante. O aquella de "Puntal de flechas / el áureo rostro imita". Cuando uno es chico no sabés qué significan. Después te das cuenta de qué significa, por caso, "áureo". Cuando se canta el aria en la ópera original del mismo nombre, se lo hace en un tono alto y entonces las palabras y las sílabas pueden separarse más. Pero en la versión canción que se canta en las escuela argentinas eso no pasa. Son ese tipo de canciones que uno canta de chico con el frío. Yo la cantaba de pantalón corto (no bermudas), en algunas mañanas de invierno de dos o tres grados bajo cero en Pompeya. Cantar "Aurora" se hacía sin prestar atención a la letra, por las ganas de entrar al aula y tomar un mate cocido. Con esas letras pasa como con el tango: uno no las entiende hasta que alcanza una edad determinada, 30 o 40 años, cuando ya se rodó un poco.
- Se sabe que a vos, Darío, te atraen los "fierros"
- Me encantan. Mi padre falleció joven. Manejaba una Ford F100 modelo 58 para una confitería -La Bomboniere- en Boedo. Trabajé de fletero muchos años. Soy maquinista naval. Desarmé motores diesel. Me gustan los autos y la mecánica. Más los fierros entre los años 60 y 70. Es una pasión muy fuerte y cuando puedo voy a ver exposiciones de autos. Si son viejos, mejor. Me gustan los buenos autos mantenidos con el tiempo, como si fueran eternos.